Será un post corto; en primer lugar porque tengo sólo 10 minutos para escribirlo, y ya he gastado dos; en segundo lugar porque lo que tengo que decir es casi nada:
El pasado, mi pasado - porque el de los otros que no me incluye poco me interesa-, regresó anoche; me golpeó fuerte, fisuró mi dedo anular y se rió de mis esfuerzos por borrarlo.
El pasado volvió, se presentó en una frase: "usa el tuyo".
No pude decir más. Usaría el mío de no ser, porque:
1) No lo tengo
2) Me recuerda todo aquello que quiero olvida.
martes, 9 de octubre de 2012
viernes, 5 de octubre de 2012
La Nona y el pequeño dinosaurio
Durante algún tiempo me había dado a la tarea de buscar un perrito que quisiera ser adoptado; las especificaciones era precisas, quería un perro de raza pequeña -sin llegar a ser miniatura-, de pelo corto y que tuviera ganas de convertirse en la obseción de mis afectos...
Por asares del destino, en una casa -a la que jamás he vuelto-, encontramos un perrito chihuahua... era una robusta bola de pelos, mi hermana sintó que aquello era lo que siempre había esperado y lo adoptó sin mayor miramiento... le pusimos por nombre Don Corleone... a pesar de que el perro se convirtió en la cosa más preciada por nosotras yo sentía que algo me faltaba... Don Corleone había elegido a mi hermana por su madre y yo me limitaba a ser para él la tía que -a escondidas- le daba comida por debajo de mesa.
Pasó un año y medio, cambié de amorío, subí de peso, comencé nuevo trabajo, mudé de carro, y seguía en busqueda de un perrito, cuando de repente y sin esperalo encontré a mi pequeña Nona, si les digo que fue amor a primera vista mentiría, esas cosas del demonio jamás me han sucedido, pero había algo en ella que me hizo quererla.
La Nona me seguía para todos lados, me mira con admiración, se detenía a escuchar mis historias, entendía que era su madre, Don Corleone su juguete, mi hermana y madre fuentes de cariño alternar para cuando yo no estaba en casa. Pensé que estaba completa... me sentía plena, llena de amor y sin más complicaciónes.
Pero la gente es terca y quiere tener más, así que por enesima vez me cambié de casa, sin saberlo lo haría dos veces más este mismo verano; llegué a donde estoy ahora, dejé a Don Corleone, a hermana y madre a unos kilometros de distancia... la Nona fue dueña y señora de una habitación, yo me adueñé de dos, un cuarto y un estudio. Viviamos en completa felicidad y amonía... hasta que el pequeño dinosaurio llegó.
La Nona vio con horror como se adueñó de su cuarto, resistió estoícamente, se puso la camiseta y dio todo por la familia; el pequeño dinosaurio tosco, grande y torpe la asustaba a cada rato... la Nona se limitaba a planear sus venganzas, un miadito por aquí, una caquita por allá, un calcetín secuestrado, un zapato escondido, hasta que el pequeño dinosaurio comenzó a respetar las jerarquías del hogar.
Del pequeño dinosaurio no me apetece hablar mucho por el momento... Me dicen que así son los dinosaurios, egocéntricos y huevones, que huyen del trabajo, disfrutan de la holgazanería, hacen sonidos extraños por gusto, gozan de romper cosas, manchar paredes, quemar sartenes, escuchar ruidos por música, que son muy dinosaurios para algunas cosas y lloran cuando los obligas a comer tomate... que hablan lenguaje dinosaurio, entre otras curiosidades....
A pesar de todo he de confezarlo, he llegado a quererlo tanto... tanto, que a veces quisiera que fuera menos dinosaurio y más niño; que me siguiera por la casa, escuchara mis historias y entendiera que soy su madre...
Por asares del destino, en una casa -a la que jamás he vuelto-, encontramos un perrito chihuahua... era una robusta bola de pelos, mi hermana sintó que aquello era lo que siempre había esperado y lo adoptó sin mayor miramiento... le pusimos por nombre Don Corleone... a pesar de que el perro se convirtió en la cosa más preciada por nosotras yo sentía que algo me faltaba... Don Corleone había elegido a mi hermana por su madre y yo me limitaba a ser para él la tía que -a escondidas- le daba comida por debajo de mesa.
Pasó un año y medio, cambié de amorío, subí de peso, comencé nuevo trabajo, mudé de carro, y seguía en busqueda de un perrito, cuando de repente y sin esperalo encontré a mi pequeña Nona, si les digo que fue amor a primera vista mentiría, esas cosas del demonio jamás me han sucedido, pero había algo en ella que me hizo quererla.
La Nona me seguía para todos lados, me mira con admiración, se detenía a escuchar mis historias, entendía que era su madre, Don Corleone su juguete, mi hermana y madre fuentes de cariño alternar para cuando yo no estaba en casa. Pensé que estaba completa... me sentía plena, llena de amor y sin más complicaciónes.
Pero la gente es terca y quiere tener más, así que por enesima vez me cambié de casa, sin saberlo lo haría dos veces más este mismo verano; llegué a donde estoy ahora, dejé a Don Corleone, a hermana y madre a unos kilometros de distancia... la Nona fue dueña y señora de una habitación, yo me adueñé de dos, un cuarto y un estudio. Viviamos en completa felicidad y amonía... hasta que el pequeño dinosaurio llegó.
La Nona vio con horror como se adueñó de su cuarto, resistió estoícamente, se puso la camiseta y dio todo por la familia; el pequeño dinosaurio tosco, grande y torpe la asustaba a cada rato... la Nona se limitaba a planear sus venganzas, un miadito por aquí, una caquita por allá, un calcetín secuestrado, un zapato escondido, hasta que el pequeño dinosaurio comenzó a respetar las jerarquías del hogar.
Del pequeño dinosaurio no me apetece hablar mucho por el momento... Me dicen que así son los dinosaurios, egocéntricos y huevones, que huyen del trabajo, disfrutan de la holgazanería, hacen sonidos extraños por gusto, gozan de romper cosas, manchar paredes, quemar sartenes, escuchar ruidos por música, que son muy dinosaurios para algunas cosas y lloran cuando los obligas a comer tomate... que hablan lenguaje dinosaurio, entre otras curiosidades....
A pesar de todo he de confezarlo, he llegado a quererlo tanto... tanto, que a veces quisiera que fuera menos dinosaurio y más niño; que me siguiera por la casa, escuchara mis historias y entendiera que soy su madre...
martes, 18 de septiembre de 2012
Toda una sacrosanta madre
Pues resulta que ahora soy madre de un hijo.
El pequeño de 15 años me siguió hasta la casa; algo en su mirada suplicante de cariño me conmovió terriblemente; aquel ser no pidió quedarse pero desde el domingo está aquí.
Hasta ahora jamás había sido madre de nadie, creo que estoy desempeñando muy bien mi rol. Amorosamente le pido que lave los trastes, tienda la ropa, alimente al perro, haga su tarea, saque la basura, barra, recoja trapos...; más amorosa aún le digo que se haga su desayuno, su merienda y que sirva su cereal de las noches.
Soy un modelo de madre, estoy segura de ello; plático con él rumbo a la escuela de algo que sólo podría interesarme a mi, y trato de introducir palabras chabacanas -porque aún soy joven- pero las digo con cuidado porque no quiero fallar en mi soliloquio maternal, le grito -sin necesidad alguna- frases amorosísimas de madre en la puerta del colegio, seguro todos piensan "ella sí que es una verdadera y gran madre".-
Pepeno ropa de familiares que le pudieran quedar; viste con orgullo lo que algún primo lejano ya no quizo; lo miro amorfo, flaco, alto, torpe en todos sus movimientos, tímido, con sus shorts dos tallas más grandes que la suya y pienso "que hermosamente patético" y que buena que soy.
Soy muy excelente madre...
El pequeño de 15 años me siguió hasta la casa; algo en su mirada suplicante de cariño me conmovió terriblemente; aquel ser no pidió quedarse pero desde el domingo está aquí.
Hasta ahora jamás había sido madre de nadie, creo que estoy desempeñando muy bien mi rol. Amorosamente le pido que lave los trastes, tienda la ropa, alimente al perro, haga su tarea, saque la basura, barra, recoja trapos...; más amorosa aún le digo que se haga su desayuno, su merienda y que sirva su cereal de las noches.
Soy un modelo de madre, estoy segura de ello; plático con él rumbo a la escuela de algo que sólo podría interesarme a mi, y trato de introducir palabras chabacanas -porque aún soy joven- pero las digo con cuidado porque no quiero fallar en mi soliloquio maternal, le grito -sin necesidad alguna- frases amorosísimas de madre en la puerta del colegio, seguro todos piensan "ella sí que es una verdadera y gran madre".-
Pepeno ropa de familiares que le pudieran quedar; viste con orgullo lo que algún primo lejano ya no quizo; lo miro amorfo, flaco, alto, torpe en todos sus movimientos, tímido, con sus shorts dos tallas más grandes que la suya y pienso "que hermosamente patético" y que buena que soy.
Soy muy excelente madre...
sábado, 14 de abril de 2012
Nadie sabe para quién escribe
Pensé que este sábado sería como los últimos; sin embargo por alguna exótica razón comencé a hurgar en cajones viejos; me encontré con fotos que no había visto, fue menos el morbo que las ganas de seguir buscando, pasé rápido sobre los rostros desconocidos, terminé por aburrirme.
Entonces me acordé de ella, su rostro no estaba en ninguna de las imágenes anteriores ¿dónde estaba aquella mujer que en su momento me quitó el sueño? No recordaba su nombre, San Google tendría la respuesta, unas hojas por aquí, otras por allá ¡Bingo! ahí estaba.
Comencé a leerla, tendría más de un año que no meticheaba entre sus cosas, solía leerla buscando indicios de algo, interpretar entre líneas, en algún tiempo sus escritos alimentaron mi celo.
Me descubrí en sus imágenes, ahí estaba yo, más joven tal vez, más limpia, pero era yo, me encontré entre sus oraciones simples y subordinadas ¡la quise tanto! Miré los muñoncitos de mi cuerpo -bordecitos de piel regenerada sobre las heridas- ella los tenía también, continué leyendo, me gustaría citar algunas de sus fraces pero eso dejaría al descubierto mi voyerismo, y no me permito tal falta de glamour; ha estas alturas de mi vida le perdono todo, pues jamás tuvo culpa, admito -incluso- que la quiero.
Nadie sabe para quién escribe, hoy escribí para y por ella.
Entonces me acordé de ella, su rostro no estaba en ninguna de las imágenes anteriores ¿dónde estaba aquella mujer que en su momento me quitó el sueño? No recordaba su nombre, San Google tendría la respuesta, unas hojas por aquí, otras por allá ¡Bingo! ahí estaba.
Comencé a leerla, tendría más de un año que no meticheaba entre sus cosas, solía leerla buscando indicios de algo, interpretar entre líneas, en algún tiempo sus escritos alimentaron mi celo.
Me descubrí en sus imágenes, ahí estaba yo, más joven tal vez, más limpia, pero era yo, me encontré entre sus oraciones simples y subordinadas ¡la quise tanto! Miré los muñoncitos de mi cuerpo -bordecitos de piel regenerada sobre las heridas- ella los tenía también, continué leyendo, me gustaría citar algunas de sus fraces pero eso dejaría al descubierto mi voyerismo, y no me permito tal falta de glamour; ha estas alturas de mi vida le perdono todo, pues jamás tuvo culpa, admito -incluso- que la quiero.
Nadie sabe para quién escribe, hoy escribí para y por ella.
No era yo, era una cosa en mi
Resulta que me sentía horrible, animicamente deprimida, y cansada, además un intenso dolor comenzó a apoderarse de mi cuerpo. Sinceramente todo lo atribuí a mi estado de ánimo, no suelo enfermarme, sólo me entristezco de vez en cuando, así que, cómo saber que mi cuerpo ahora sí estaba mal.
Se trataba de un cuerpo, cosa, algo, sin nombre ni forma (o por lo menos no se la vi) que estaba creciendo dónde no debía, y mi cuerpecito comenzó a avisarme que aquella cosa extraña lo había tomado.
Se trataba de un cuerpo, cosa, algo, sin nombre ni forma (o por lo menos no se la vi) que estaba creciendo dónde no debía, y mi cuerpecito comenzó a avisarme que aquella cosa extraña lo había tomado.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Bipolar
Medio dia:
Después de lamentarme un rato hacer comentario sucios sobre Bellatin y leer a Cindy la Regia, la sonrisa y malilles volvieron.
Oh santo cerebro cochino, como te amo.
Después de lamentarme un rato hacer comentario sucios sobre Bellatin y leer a Cindy la Regia, la sonrisa y malilles volvieron.
Oh santo cerebro cochino, como te amo.
La nostalgia tiene una sintaxis retorcida
Me desperté. Hice las costumbres de la mañana: café/ plática/ cigarro/ desayuno.
Ayer, revisé el correo, trabajé un poco, me quité la pijama, salí a la calle, cené con los amigos.
Los dias pasan; nada me emociona o motiva.
Ayer leí un poco, busqué consuelo en Abigael, busqué sentirme como hace años.
Me hace falta sentir.
Ayer, revisé el correo, trabajé un poco, me quité la pijama, salí a la calle, cené con los amigos.
Los dias pasan; nada me emociona o motiva.
Ayer leí un poco, busqué consuelo en Abigael, busqué sentirme como hace años.
Me hace falta sentir.
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